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En caso de fiebre...

La fiebre es una defensa natural para el sistema inmunitario, que protege al niño de agresiones de virus y bacterias, pero puede asustar a los padres...

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La fiebre es un fenómeno muy frecuente, sobre todo en los niños. Debe ser considerada un medio del que dispone el cuerpo para defenderse de las bacterias y los virus. Estos microorganismos son capaces de sobrevivir con dificultad a las temperaturas elevadas y la fiebre es una manera de vencerlos: así que la subida de temperatura es una manifestación normal y necesaria, que indica que el sistema inmunitario del niño funciona correctamente. Es evidente que los padres se asustan si él tiene fiebre, en especial cuando es muy pequeño y la fiebre es alta… aun así no hay que ceder enseguida a la tentación de darle un antipirético, antes habrá que ver si sus defensas inmunitarias actúan o por lo menos esperar un poco.

Intervenir sólo si la temperatura supera los 38/38.5° o si el pequeño muestra malestar o fastidio. Antes de suministrarle medicamento habrá que consultar con el pediatra, comentarle cuánto tiene de fiebre, desde cuándo... describiendo las molestias y el comportamiento del pequeño, además de posibles contactos con personas enfermas. Explicarle cómo se le ha tomado la temperatura, siendo aconsejable adoptar una única modalidad de medición el tiempo que dure la enfermedad.

¿Qué más se puede hacer? Si es alimentado con lactancia materna habrá que seguir amamantándolo, si es algo mayorcito y no tiene mucho apetito no habrá que obligarlo: se le podrán ofrecer pequeñas cantidades de comida muy a menudo. Será bueno que beba muchos líquidos, no taparlo demasiado y dejarlo tranquilo lo más posible. Dormir mucho servirá para que su sistema inmunitario trabaje más eficazmente, haciendo que se cure bien y pronto.