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A bañarse con mimos...

El baño diario, sobre todo en los primeros meses, es un momento de mimos y relajación para el bebé y los padres.

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Para el recién nacido el baño es mucho más que un tiempo dedicado a los cuidados y a la higiene: es una ocasión para recibir mimos, afianzar la relación exclusiva que le une a sus padres… y también para intentar perderle el miedo al agua.

Su efecto relajante puede verse también como un sistema excelente para favorecer el sueño, en especial si se hace de noche, antes de la última toma.

Para que el niño no sienta frío, la temperatura del agua deberá ser controlada con un termómetro adecuado: no más de 36 – 37 grados, mientras la temperatura ambiente rondará los 23 grados. Antes de empezar a bañarlo, se deberá esperar a que tome confianza: por ejemplo, columpiándole dulcemente en el agua, hablándole y transmitiéndole la sensación agradable del momento. Se emplearán productos específicos, idóneos para su piel delicada. Las primeras veces se podrá utilizar un único producto para cuerpo y cabello que ha de ser suave, emoliente e hidratante.

Se preparará todo lo necesario y se dejará al alcance; muy importante no dejar nunca al niño solo en la bañera o sobre el cambiador.

Después de haberlo bañado, envolverlo enseguida en un albornoz o en una toalla de rizo, más cómoda en caso de recién nacidos.

Secar la piel sin frotar, usar regularmente productos emolientes, nutritivos e hidratantes, pensando en su delicada piel. No estará de más terminar su higiene diaria con unas gotitas de colonia o fragancia suave.