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Mamá, ¡mírame!

El intercambio de miradas con su mamá favorece los primeros intentos de comunicarse del pequeño.

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A las pocas semanas de nacer, ya se puede decir que el niño tiene “relaciones sociales”. De hecho, alrededor de los dos meses de edad, el bebé pasa cada vez más tiempo despierto y se comunica con sus papás a través de la mirada. Poco a poco empieza a devolver las sonrisas, emite sonidos dejando oír su voz, presta atención cuando le hablan, es feliz si alguien imita sus primeros sonidos mirándolo directamente a los ojos. 

Este intercambio de miradas es esencial porque tiene el doble efecto de calmarle y también estimularle para mejorar sus avances de comunicación. Cuando está despierto es conveniente tenerlo cerca, para poder mirarle y hablarle, aunque esto no suele ser sencillo debido a la cantidad de tareas que debe realizar la madre. Una solución puede ser una hamaca que le acoja como si fuera un pequeño nido: así, podra transportar al bebé de una habitación a otra, teniendo cuidado de apoyarla siempre sobre superficies estables y nunca en lo alto. 

Estando siempre cerca de su madre, cómodamente tumbado en su hamaca, el niño podrá disfrutar a cada momento del efecto tranquilizador de su mirada.