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¡Corre que se acaban!

¡La comida está lista!

Hacer la comida es un gesto de amor diario. Pero tener tiempo para prepararla cuidadosamente es más difícil...

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Por ello, muchas veces, se eligen alimentos infantiles ya preparados, ciertamente prácticos, rápidos y de calidad indiscutible. Aunque… es cierto que las papillas hechas en casa son otra cosa y, ante todo, están más frescas porque están recién hechas. Las verduras, la carne, el pescado... elegidos personalmente por papá o mamá, son cocidos y consumidos en el acto, aportando muchos nutrientes.

Por otro lado, las papillas caseras representan un medio insustituible para la educación al gusto del niño, puesto que le permiten entrar cada día en contacto con el sabor natural de varios ingredientes, descubriendo colores, olores, etc. Es así, interactuando en mayor medida con la comida, cuando empieza a forjar sus preferencias. La textura de las papillas caseras puede ser regulada por la mamá, capaz de dejarla más cremosa, densa, con trocitos diminutos o más grandes. Esta variedad habitúa al niño a la diversidad, despierta su curiosidad y sus ganas de experimentar: es el punto de partida hacia una alimentación correcta que contempla probar un poco de todo, acercándose a ingredientes y sabores siempre nuevos.

Es verdad que la papilla hecha en casa necesita algo de tiempo: lavar, pelar, cortar, mezclar; si el tiempo es justo, se puede echar mano de pequeños electrodomésticos multifunción, que aceleran notablemente la preparación y la homogeneización: mamá y papá podrán dar rienda suelta a su imaginación inventando platos nuevos y gustosos, de las papillas más sencillas a las comidas más sabrosas para su niño y ¿por qué no? ¡para toda la familia!